Todas somos Maléfica, como todas somos brujas, como todas somos mujeres con luces y sombras, como todos somos un conjunto de infinitas experiencias y circunstancias que nos llevan a caminar los senderos que vamos eligiendo.
Encontré mucho significado en Maléfica, la película producida y protagonizada por Angelina Jolie. Fue interesante ver a una Maléfica niña, hada buena, amorosa y al mismo tiempo portadora de alas negras que le permitieron convertirse en la defensora de su páramo.
Negro, ese color asociado a las brujas, más que a las hadas, pasaba desapercibido cuando descubrías sus ojos chispeantes, floridos, amarillos y despiertos; su amor por la naturaleza la hacía ser amada por todos. Hasta por las hadas que interpretan a las originales Flora, Fauna y Primavera de la Bella Durmiente.
Y como ocurre con muchos de nosotros, mortales sin mayor capacidad de equilibrio emocional, Maléfica es poseída por la ira, por el rencor y la sed de venganza cuando se siente traicionada. Y se transforma. Y deja ver su sombra, tan real y terrible como la de cualquiera, humano, hada, elfo... Es desde ahí que maldice a la "inocente" princesa Aurora, hija de quien le rompió el corazón, el Rey Stefan.
Lo novedoso de la historia es justamente la perspectiva; está contada desde el punto de vista de la villana, y logra hacer una magnífica sátira de los arquetipos habituales de los cuentos de hadas, rescatando en el camino la figura de la bruja, tan maltrecha e incomprendida a lo largo y ancho de la literatura infantil. Así, vemos a una Maléfica humana, vulnerable ante el amor y el desamor; que puede amar y odiar; cuyo corazón envenenado por el odio encuentra un antídoto en el amor irresistible que nos provoca la inocencia de los niños; que se descubre más poderosa de lo que se creía a si misma justo cuando suelta su resentimiento y se atreve a volver a amar... El guión nos presenta una vuelta de tuerca inesperada: el amor verdadero no tiene que referirse necesariamente al de una pareja (que en este caso era inexistente, salvo por el espejismo que representaba un príncipe a quien la guionista considera inútil pues es necesario que Maléfica lo lleve a cuestas o en la inconsciencia al encuentro con la princesa dormida).
Vemos también a una princesa Aurora que más que inocente es tonta; un rey enloquecido por la ambición y el miedo; una reina pasiva e ignorada por el rey, utilizada como trofeo por su padre y como incubadora por su esposo; unas "hadas buenas" negligentes y sosas, y un beso "de amor" que no despierta princesas.

Los cuentos de hadas se están transformando desde hace algunos años, sin duda. Ya no es una sorpresa encontrar princesas valientes y con iniciativa, inteligentes e independientes. Lo que creo que Maléfica sí aporta, es presentarnos a una villana tan humana, que es capaz de amar. ¡Bienvenida la iniciativa de desdibujar el maniqueísmo en esta historia!
1 comentario:
coincido contigo, yo amé la película porque me he sentido Maléfica muchas veces…...creo que eso somos todos: luz y sombra y no por eso somos buenos o malos. Al final creo que somos seres humanos dotados de infinidad de sentimientos que muchas veces nos ensombrecen y otras tantas nos hacen brillar…...
Publicar un comentario