jueves, 26 de septiembre de 2013

Mi realidad: una combinación de haiku y manifestaciones

Guardián de la noche.
Escucho
el continuo lamento de la lluvia
Natsume Soseki


Ayer por la mañana me compré un librito de haiku de Natsume Soseki. Le tenía unas ganas... pensaba volver a casa, prepararme un te verde y disfrutar la noche lluviosa en su compañía. Y entonces sucedió un no-encuentro que cambió mis planes. 

Mientras comía en un restaurante de comida hindú, y sin querer, escuché al comensal de al lado hablar apasionadamente de haiku y del gusto de Octavio Paz por ellos. A partir de ese momento, quise cambiarme a su mesa "de oyente". No lo hice porque... en realidad no sé por qué, creo que me dio pena interrumpir tan deliciosa conversación. Pero no quise quedarme con las ganas de agradecerle el haber aderezado de forma tan exquisita el resto de mi comida con su conversación que era inevitable escuchar a tan corta distancia.

Así que antes de salir del restaurante me detuve un momento en su mesa y le regalé mi libro de haiku de Natsume Soseki. Me miró intrigado y sólo le dije: Yo sé que usted lo va a apreciar. Se apresuró a sacar su cartera para darme su tarjeta de presentación. No lo conocía, pero no me sorprendió que resultara un personaje tan interesante y distinguido en el mundo del arte en nuestro México.



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Qué paréntesis tan especial fue ese espacio de compartir tan sólo por estar en el lugar correcto. Me recordó a un tiempo increíble en que la mayoría de las personas con quienes compartía la cotidianidad amaba las letras y la poesía; podíamos pasar tardes enteras frente a una copa de vino o una taza de te leyéndola, escribiéndola, soñándola. Era la época universitaria, por supuesto. No podíamos imaginar entonces que hubiera algo en la vida que no pudiéramos resolver con poesía o convicciones; arreglar el mundo era sólo cuestión de tiempo -sólo había que esperar a que nos graduáramos. Nos extraño.

Hubiera querido quedarme hasta que ellos terminara su sobremesa; pero las calles del centro de la ciudad se colapsaban cada vez más con la manifestación masiva y si no salía de allí en ese momento perdería el autobús de vuelta a... a la realidad.

Cuando la lámpara se apaga
las primeras estrellas
entran por la ventana.
Natsume Soseki